Santificación, el camino de la nueva vida
Santificación es el proceso por el cual Dios nos conforma a Cristo. No es instantáneo, aunque tiene momentos decisivos. Es crecimiento real, a veces lento, a veces dramático.
En la tradición wesleyana se habla también de santidad del corazón: amor perfeccionado, no perfeccionismo neurótico.
Medios de gracia, hábitos que abren espacio a Dios
Dios es el agente principal de la santificación. Pero Dios suele obrar por medios: prácticas que nos colocan frente a su gracia.
- Oración: intimidad y rendición.
- Escritura: verdad que reordena la mente.
- Eucaristía y comunidad: gracia recibida y compartida.
- Servicio: amor encarnado.
- Confesión y rendición de cuentas: luz que sana.
Caídas, lucha y esperanza
La santificación no elimina la batalla moral de un día para el otro. Habrá tentaciones, recaídas y días flojos. Eso no es excusa para rendirse, sino motivo para volver a Cristo.
El Evangelio no solo te dice “levantate”. También te da un Padre que te levanta.
La Iglesia como gimnasio de amor
La santidad se entrena en comunidad. En soledad podés imaginar que sos paciente. En comunidad te enterás si es verdad.
Una iglesia sana no es un museo de santos, es un hospital con rumbo: gente real buscando a Cristo con honestidad.